Paisajismo y diseño de jardines
Un patio, un frente, un pulmón de manzana, un cantero que se abrió al romper la vereda. El verde suele ser lo último que aparece, y se termina resolviendo sin proyección a futuro: lo que se eligió por la foto crece distinto, tapa lo que había que ver, o no creció por falta de luz.
Antes que nada evaluamos el lugar —cuántas horas de sol entran y desde dónde, qué suelo hay debajo, por dónde escurre el agua— y qué se quiere hacer ahí: comer afuera, ganar privacidad, que los chicos jueguen, o mirarlo desde adentro. El mismo lugar se proyecta distinto según la respuesta.
Casi siempre hay un trabajo previo que no se ve y define el resultado: la nivelación fina. Lo que deja una obra suele ser tosca o tierra apisonada, tan compacta que la raíz no la penetra. Se retira esa capa y se repone con un sustrato que favorezca el desarrollo de las raíces.
Con el terreno resuelto se decide el sistema integral: las especies según la luz y el sustrato, el riego que las va a sostener, el drenaje, y la iluminación vital cuando el lugar no recibe la luz que la planta necesita para vivir. Se diseña con volúmenes, follajes y floraciones escalonadas, para que el jardín esté evolucionando todo el año.
Del proyecto a la obra terminada, con el mismo equipo.